Los niños de los demás (parte I)

Mis espectativas de tener hijos cada vez son menos halagüeñas. Y es que, cada vez que salgo a la calle conozco un niño nuevo y a cual peor.

Sitio al que no ir: McDonals. Si odias que los niños de los demás parezcan tuyos no vayas a McDonals. Por suerte, sólo recuerdo dos de las veces más traumáticas en la hamburguesería y ambas en Navidad.

En la primera de ellas estaba comiendo una súper-hamburguesa, tranquilamente, con un amigo, cuando vino un niño hacia nosotros. No sólo vino hacia nosotros, sino que se sentó al lado de mi amigo y empezó a comerse sus patatas. Yo no sabía si reírme, llorar, llamar a su madre… ¿qué se hace en esos casos? Por suerte vino la madre corriendo y se fue gritando “¡qué vergüenza!” con el niño de la mano. Pero… no todos los padres hacen eso. Este verano, estaba con mi novio en una horchatería tomando algo cuando unos niños se pusieron a jugar alrededor de nuestra mesa, incluso apartaban la silla de mi novio para tener sitio para jugar, parecían nuestros hijos. Por supuesto, los padres mientras tanto disfrutaban de su horchata tranquilamente… Yo he sido niña y no recuerdo haber hecho eso, y si lo hubiera hecho mis padres me habrían reñido bastante por molestar a los demás. ¿Por qué son los padres tan maleducados? Los niños, al fin y al cabo, son niños.

Mi otra experiencia en el McDonals fue un día que regalaban en el Happy Meal un matasuegras, o algo parecido. ¡Qué genial idea! Todos, absolutamente todos los niños iban dándole al matasuegras, correteando de aquí para allá. Y, por supuesto, un niño se puso delante de nuestra mesa a tocarnos una dulce canción con tan melodioso instrumento. Me entraron ganas de quitarle el matasuegras y metérselo a su padre por el culo.

Y aunque no me pasara en el McDonals, pero sí cerca de la puerta, recuerdo también un día que subía con un amigo por unas escaleras mecánicas y dos niños nos atropellaron ¡bajando en contrasentido! Casi nos tiran. Daba igual que estuviéramos ahí, los que molestábamos éramos nosotros.

Yo sólo opino que si no te apetece hacerte cargo de un niño, ni educarlo, ni lo vas a soportar, no lo tengas o, al menos, no nos lo endorses a los demás. Porque también me acuerdo de aquel día que tres niños se me subían por las piernas mientras almorzaba, ¿dónde estaban sus padres? ¡Mirando!

Lo siento, no aguanto a los niños de los demás, al menos a los que me ha tocado conocer.

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