La guerra florida azteca

Los aztecas creían que existían cinco mundos y se habían destruido cuatro, siendo el nuestro el último con vida. En los comienzos de nuestro mundo, los dioses se reúnen en la llanura de Teotihuacán y logran volver a crear el universo, pero los astros, el sol y la luna, están inmóviles. Para mantenerlos con vida, hay que dársela, y para los aztecas esta vida es la sangre humana.

Según sus leyendas, cuando el sol salía, éste mataba con las flechas de sus cuatrocientos rayos a las cuatrocientas estrellas, venciendo así a la noche. Era un guerrero celeste, Ilhuicamina, flechador del cielo; siendo su representación animal el águila.

El motivo de las guerras floridas está basado en la necesidad de sangre y sacrificio para mantener el sol en el cielo. Por ello, cuando los sacerdotes decían que el sol y los dioses necesitaban más comida, dos pueblos aztecas se enfrentaban en el campo sagrado.

Morir en estas guerras era todo un honor, era así como los prisioneros de guerra eran sacrificados en un altar, donde les arrancaban el corazón aún palpitante. Esta era la flor de las guerras floridas, siendo la sangre el “agua preciosa”.

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