Una experiencia más

Después de un año sin parar ni para respirar, hoy comienzan mis vacaciones. A penas una semana, pero voy a aprovecharla todo lo que pueda.

Esta mañana, mientras acababa de dejar la casa limpia para la vuelta, me he parado a pensar todo lo que no he podido reflexionar en estos meses. Este ha sido un año de decisiones, de cambios…

Acabé la ESO con muy buenas notas, casi sin esfuerzo. El bachiller fue horroroso, me costó mucho sacar una nota que me permitiera elegir mi camino, estudiar lo que quisiera de entre lo que me gustaba, que era prácticamente todo.

Y aunque yo siempre he querido ser escritora, elegí formarme como Ingeniera Técnica de obras públicas. Siempre me había llamado la atención la construcción y era una profesión que presumía de no tener paro.

Cuando hice mi matrícula algo debió de no hacerse bien porque acabé en Ingeniería de Caminos, cuyos dos primeros años son comunes a obras. Fui a protestar y me dijeron que no podían hacer nada, casi me lo plantearon como si me estuvieran haciendo un favor, y ¡mal favor de hicieron! Para cambiarme debía de cumplir los requisitos, como todo el mundo: aprobar todo el primer curso. El primer año fue duro, pero fue un buen año, no saqué malas notas y sólo me quedaron dos, después de septiembre.

Recuerdo que la gente se dejaba la carrera al mes de empezarla, vieron las clases demasiado duras y cuando acabó el año no eramos muchos los que habíamos sobrevivido. Al menos asistiendo a clase. Incluso alguno hubo que se dejó la carrera en las jornadas de acogida y no lo culpo, es una carrera muy dura y el primer curso parece una criba. Al final te das cuenta de que acaba siendo una carrera de obstáculos en la que la resistencia, la perseverancia y el esfuerzo son los que te hacen llegar a la meta.

Intenté tercero de caminos, que se yo por qué, debería haberme cambiado a obras directamente. ¡Mi primer año perdido! Una vez en obras la crisis en España iba de mal en peor, cada vez había menos trabajo, menos prácticas para los recién titulados… Pensé en hacer otra especialidad, para tener dos en lugar de una, pensando que me abría a más posibilidades. Me apunté a un curso de inglés para mejorarlo, me preparé los exámenes de valenciano por si opositaba, luego a alemán por si tomaba la decisión de irme.

Tengo dos especialidades, a falta del proyecto, inglés, alemán, valenciano… Sólo he hecho una entrevista para unas prácticas y nada más.

Este verano, a mi novio y a mí nos surgió la oportunidad de independizarnos, unos familiares nos alquilaban un piso recién reformado a un precio asequible. Tomamos la decisión y aquí estamos, independizados por fín, haciendo nuestra vida, siendo, quizá, la suya mucho más parecida a lo que quería que la mía.

Trabajamos los dos, sí. Pero yo trabajo cuidando niñas, limpiando y dando clases particulares. Mucha gente me dice que tengo mucha suerte, que el horario es muy flexible, que puedo estudiar mientras, que tengo vacaciones… Y sí, el horario es flexible, flexible para quien necesita que trabaje, porque yo si quiero trabajar me tengo que acoplar, lo que quiere decir que puedo estar trabajando de lunes a domingo. Si alguien piensa que son trabajos bien remunerados, quitaoslo de la cabeza, yo trabajo mucho y no creo que mi sueldo sea acorde a mi trabajo, a parte de perder un montón de horas en el autobús,que gracias a Dios invierto en lectura. ¿Vacaciones? Llevo un año sin vacaciones, hacer dos proyectos finales de carrera, ir a cursos de idiomas, mantener una casa, hacer la comida y trabajar no da tiempo para muchas vacaciones, la verdad. ¿Estudiar? El autobús también sirve para eso, siempre y cuando no haya una abuela chillona, un capullo con música-para-todos y puedas sentarte sin que nadie te mire como un bicho raro o se asome a ver qué estudias…

¿Suerte? Pues mucha suerte no he tenido, vamos a ser francos. Y hay quien aún te dice que ya puedo agradecer lo que tengo… Yo valoro mucho lo que tengo, pero no sé a quién darle las gracias… Al gobierno se las doy, pero con tremenda ironía, también se la doy a todos los listo que, a mayor o menos escala, han estado chupando del bote y han aportado su grano de arena para que los demás estemos así de pringados. Porque este país es un país de listos y tonto el último, donde no se valora a las personas por su trabajo o su esfuerzo sino por quien tiene el morro más grande. De todo habrá, eso está clarísimo, pero quien tiene un trabajo acorde a su esfuerzo y en el que le valoren no ha tenido suerte, ha pasado una odisea y ha tenido que currar muchísimo. Eso seguro.

Yo no he tenido suerte, lo que pasa es que he demostrado que cuando trabajo me esfuerzo. Empecé cuidando niñas en mi tiempo libre, luego dando unas clases… Todo para ir tirando, tener un dinerito para el fin de semana… Siempre que he trabajado lo he hecho lo mejor que he podido, si doy clases es porque como profesora siempre he dado el máximo a mis alumnos, a pesar de trabajar por poco porque yo no he estudiado magisterio y lo que hago lo presento siempre como una ayuda, lo que sé explicar lo explico y lo que no admito que no sé explicarlo. Siempre me acoplo a las necesidades del alumno, no me aprovecho como mucha gente hace, que si le pagan X por dar una hora de clase se dedica a ayudar con los deberes, no, yo nunca hago eso, a no ser que me lo pidan explícitamente. Me preparo mis clases, distribuyo las horas, sé lo que explico y cómo he de hacerlo, inculco a mis alumnos el valor de esfuerzo e intento aconsejarles hacia donde tirar. Y todos aprueban y, a pesar de ser un poco dura porque quiero resultados, vuelven.

Y trabajo limpiando porque alguien me vio como una persona en la que confiar, nadie mete a cualquiera en su casa. Y lo haga mejor o peor prefieren que lo haga yo a que lo haga otra persona.

Luego mucha gente me dice que ellos también acabarán limpiando, que necesitan trabajo… Me gustaría verlos destrás del mocho alguna vez porque luego dicen que ese no es trabajo para un ingeniero. No es un trabajo ingenieril, pero es trabajo, ¿no?

En los tiempos que corren ni los amigos son capaces de echarte una mano, presentarte a una empresa, conseguirte una entrevista, recomendarte a alguien… Ni para trabajar de lo tuyo, ni para trabajar de lo suyo. Parece que la gente tenga miedo a que le quites el trabajo y no es para menos, llego a entenderlo, aunque yo no actuaría de la misma forma.

También están los que te animan a irte. De hecho yo veo a mis amigos desfilar por el aeropuerto, unas prácticas, un erasmus, a la aventura… Nadie quiere quedarse aquí, el que puede se va y yo lo haría encantada, pero tengo pareja aquí. Primero pensaba en irme un año, para coger experiencia; pero luego me di cuenta de que si me iba y encontraba algo me iría para siempre, volver no es una opción porque es la misma que quedarse. Esperar a que la situación mejore tampoco lo es. Y lo que hablamos con tranquilidad entre amigos, si nos vamos, si nos quedamos… Es un verdadero drama personal, nadie sabe la pelea razón-corazón que tenemos algunos, elegir entre tirar nuestro esfuerzo a la basura o el amor de nuestra vida. Hay quien piensa que el amor se puede encontrar en todas partes, que es el esfuerzo lo que merece la pena, que hay muchos peces en el mar, pero resulta que yo, muy chapada a la antigua, quiero nadar junto a uno de esos peces y sólo junto a ese. Y por eso me quedo, por ahora, porque no descarto la posibilidad de que se haga el milagro aquí o ambos zarpemos algún día.

Desde luego que tengo a quien darle las gracias, a la gente que ha confiado en mí y que siempre me ha recomendado porque sabe que me esfuerzo. Pero sobretodo a mis padres, que me han enseñado a valorar lo que tengo, a ser independiente, a saber un poco de todo y desenvolverme por el mundo sin problemas, a ser honesta, a confiar en mí misma y a que hay que ir con la verdad por delante aunque el camino sea más duro, a encontrar el momento para solucionar las cosas, a templar mi carácter y a reconocer que cada trabajo es digno, que no hay que hacer ascos a nada, que la suerte no se busca porque nunca sabes donde está, a no perder ninguna oportunidad por pequeña que sea y aunque no lo parezca, a que todos los días hay que aprender algo,a que es mejor hacer favores que tener que pedirlos, a hacer las cosas por mí misma… Por suerte, tengo unos padres que me han educado bien y valoran mi esfuerzo.

Y siento mucho que alguien se dé por aludido para mal. A mí mi madre siempre me ha dicho que a lo hecho pecho y, con el tiempo, he aprendido que también se paga por las cosas que no haces, por las que dejas de hacer por propia conveniencia, que todos nos equivocamos que la amistad y el amor 100% no existen, que no hay nadie que lo vaya a dar todo por ti, que nadie se desvive por nadie y que los favores escasean cuando hay intereses de por medio. Por fortuna cada uno sabemos lo que valemos y con el tiempo se cosecha lo que se siembra, aunque a veces plantemos zanahorias y nos salgan patatas…

PD: La gente se va y yo me alegro por ellos, sólo lloro porque yo me quedo.

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