Una historia más (3)

 

Y de repente todo estaba negro, pero no estaba solo… Escuchaba un susurro sibilino, sentía el aire caliente de otra respiración muy cerca de su cara y olía su fétido aliento. No intentó abrir los ojos, ni moverse, porque sabía que no lo conseguiría, debía ahorrar fuerzas porque aunque pareciera un sueño no lo era. Entonces sintió algo húmedo que caía sobre sus párpados y a través de ellos vio una enorme sonrisa de dientes afilados y encías putrefactas y sangrantes.

“Estoy en ti… No puedes escapar de ti mismo, donde quiera que te escondas te encontraré”.


Hugo se había enfrentado a muchas energías, había visto cosas terribles en las cartas durante toda su vida, sus peores sueños se habían hecho realidad; pero lo que había intuido en la tirada de Ariadna no pertenecía a este mundo, no era una energía, era un ser de los que habitan dentro de ti y en tus pesadillas, de los que de verdad pueden hacer daño porque sí existen.

A Ariadna le había hablado de una fuerza, un espíritu que la consumía, de un sueño recurrente, pero lo que él había visto era otra cosa. Podía haberle dicho la verdad, podía haberle dicho: “no sé qué es lo que aparece en tus sueños, pero es real. Yo no puedo hacer nada”. No habría podido, le habría causado terror, habría mermado las pocas fuerzas que le quedaban y lo sabía porque, en cuanto se lo planteó, las cartas le mostraron lo que sucedería…

Hizo memoria de todo cuanto intuyó… Una chica que trabaja mano a mano con la muerte, que percibe las últimas energías de muchas personas. Algunas se quedan con ella y otras desaparecen, algunas le agradecen y la protejen, otras simplemente la acompañan y una en concreto se ha materializado a su lado.

Después de la visita de esa noche Hugo cree que tiene que averiguar un poco más. Al fin y al cabo, si esa extraña criatura de boca sangrienta va a habitar en él, de alguna forma tendrá que combatirla. ¡Qué extraño es el destino! Toda la vida intentando centrarse en las cartas para sortearlo, intentando no desarrollar más sus habilidades y resulta que ahora se ve irremisiblemente ante el mismo abismo que, hace años, intentaba evitar.

“Puedo ayudar a los demás a cambiar el rumbo de su vida, pero el mío está marcado”.

3.1

Continuación

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