Una historia más (12)

El atardecer empezaba a ser cada vez más oscuro, el día daba paso a la noche, el sol daba paso a la luna y Sira tenía una misión que cumplir.

Sira comenzó a recitar en el idioma antiguo un poema que conocía bien. El silencio de la noche acompañaba sus palabras, que parecían un extraño canto, susurrado a media voz, con el extraño ritmo de la tristeza.

Sira cerró los ojos, se relajó mientras recitaba todos y cada uno de los versos. Confió en que hubieran sido trasmitidos sin modificaciones de generación en generación, confió en su memoria y cuando terminó y abrió los ojos las piedras estaban iluminadas y llovían estrellas. El cielo parecía una cortina de luz blanca, ni siquiera se distinguía la enorme luna. Seguir leyendo