Una historia más (15)

Ariadna estaba tumbada en la cima del montículo del parque. Olía a césped mojado y a pino, mirando desde allí la luna podía transportarse a algunos momentos de su infancia. La pequeña montaña en que se hallaba no era muy alta, pero sí lo suficiente como para salvar la altura de las farolas del parque, por lo que en noches despejadas podía ver desde allí las estrellas.

¿Dónde estará el hombre-lobo?“. Pensó mientras sonreía.

Una ligera brisa movió el césped y le acarició la cara, Ariadna cerró los ojos y aspiró el aroma del parque. Ya no era una brisa, comenzó a hacer un poco de aire y pensó que empezaba a ser hora de irse sino quería pasar frío de vuelta a casa. Entonces comenzó a oler a alcantarilla, a huevo podrido. Ariadna se levantó y vio a un hombre que estaba de espaldas a ella, el olor venía de él, de eso estaba segura. Le miró de reojo con desconfianza mientras recogía su pañuelo lo más rápido posible.

¿No me reconoces Ari?“, el hombre seguía de espaldas y su voz le resultaba familiar, así que se quedó allí quieta y mientras guardaba su pañuelo buscaba en su memoria. ¿De qué conocía a ese hombre? ¿Dónde había escuchado esa voz?

El hombre se giró y Ariadna sólo pudo ver sus encías sangrantes, sus dientes picudos…

¡Sorpresa! Esta noche tiene que haber un sacrificio y tú eres mi invitada de honor“.

Ariadna chilló horrorizada cuando Kaen la cogió con una mano en forma de garra, intentó resistirse mientras él reía de forma diabólica y la arrastraba de los pelos a un pozo del parque que nunca había visto. La apoyó contra la pared del pozo y comenzó a hacerle pequeños cortes con sus garras mientras ella lloriqueaba resignada.

Agradéceselo a Hugo. Es el único culpable de lo que vas a sufrir esta noche“, uno de los cortes sangró y Kaen manchó su mano con la sangre y se la llevó a la boca. “¡Qué curioso! ¡Has sangrado! Cada vez controlo menos mi instinto, podría hacerte picadillo sin querer.“, soltó una risita. Kaen se estaba divirtiendo de verdad… Ariadna le miraba horrorizada, sólo parecía querer acariciarla, la miraba con ternura y, sin embargo, estaba llenando su cara y sus brazos de cortes. “¿Sabes? Llevo bastante tiempo observándote y me gustas, nunca me había gustado ninguna mujer. Así que he decidido que tengamos una cita esta noche tan especial para mí.“. Ariadna le miró desconcertada, entre asustada y relajada. Quizá si le gustaba la mitad de lo que intuía no le haría daño, al menos no la mataría. Y Kaen la tiró al pozo con una voltereta, sonrió con satisfacción y saltó tras ella.

Continuación

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