Una historia más (17)

Bryan y Megan llegaron a las montañas al quinto día de viaje. Miles de cuevas se abrían paso por las montañas.

– Megan, ¿crees que los demonios rojos siguen habitando las montañas?

– Hace siglos que no se sabe nada de ellos, esperemos que no.

Ambos se sentaron en el suelo de tierra roja frente a frente y sacaron una piedra roja de la bolsa de viaje. La pusieron en el suelo y comenzaron con el ritual de contacto. Fue Megan la que habló primero.

– Dinos poderosa Sibyla, ¿dónde te encuentras? ¿dónde está la cueva?

– Soldados de la Montaña de las estrellas, antes de a la cueva llegar tres pruebas habéis de pasar. Tras cada una de ellas tendréis que volver a contactar. Ahora cruzad la primera montaña, la más avanzada al resto y avanzad silenciosos por el cañón amarillo que se abre paso entre la ciudad de los demonios rojos. ¡Qué la sabiduría de los ancestros os acompañe en vuestro camino!

Tras escuchar la voz de la hechicera Megan y Bryan volvieron a guardar la piedra y comenzaron su camino por la montaña. Fue Bryan el primero que mostró sus dudas:

– ¿Imaginas en qué consiste la prueba?

– En principio parece fácil, sólo tenemos que cruzar el cañón silenciosos. ¿Qué sabemos de los demonios rojos Bryan?

– Que se alimentan del miedo de sus víctimas.

– No es tan sencillo. Mi abuelo decía que había muchos tipos de miedo, distintos grados, ¿sabes? Puedes tener un miedo instantáneo, como cuando te dan un susto y se te para el corazón; puedes vivir con miedo, como cuando nos despertamos cada mañana con el miedo de no saber afrontar la misión; o puedes sentir un miedo tal que te lleva a la locura, que te nubla el entendimiento. De ese miedo se alimentan los demonios rojos, de los gritos y lloros que provocan.

– ¿Crees que nos están esperando?

– Sin duda. Y nos provocarán miedo, tanto miedo que nos harán chillar, intentarán volvernos locos. Bryan, tenemos que intentar no chillar, ni llorar de miedo. Creo que esa va a ser la prueba.

Cuando llegaron a la cima de la montaña vieron como un corto cañón se abría paso entre las montañas, calcularon que tardarían en cruzarlo un hora larga sin esfuerzo. Así que decidieron hacer noche en la cima, al día siguiente cruzarían el cañón, que parecía inofensivo.

17.1

Continuación

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Un comentario en “Una historia más (17)

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