Una historia más (20)

Megan y Bryan subieron a las piarañas. El río parecía tranquilo, Bryan pensó que quizá se embraveciese un poco en la subida, ya que cuando el agua baja suele tener más velocidad, pero se sintió tranquilo.

Sus pies se hundieron un poco en el agua fría y Megan cerró los ojos e inspiró aire profundamente, lo soltó con un lento suspiro y se sintió relajada. Desde la orilla podían ver como el río serpenteaba hasta la cima. Pasaron unos minutos y las pirañas no se movían.

– ¿Habrá que darles la orden o hacerles algún gesto?- preguntó Bryan sin esperar respuesta de Megan, más que una pregunta pareció una reflexión.

Ambos se quedaron en silencio. Pasó una hora, luego pasaron dos y dos más. El calor comenzaba a apretar, debía de ser mediodía. Megan y Bryan se miraban con fastidio. Al principio la espera había sido relajante, pero comenzaba a hacerse pesada.

Cuando el sol estuvo en su punto más alto las pirañas se pusieron en marcha. Recorrían el río a toda velocidad.

– ¡Me duelen un montón los pies!- Se quejó Bryan.

– A mí también, debe de ser que a esta altura el agua está mucho más fría. He intentado sacarlos del río, pero se vuelven a meter solos. Me cuesta bastante mantenerlos arriba de la piraña.

Bryan sacó los pies y quedó horrorizado al ver que sus pies se habían reducido a los huesos, de los que colgaban trozos de carne. Gritó horrorizado. Seguir leyendo