Conejos y cobayas

Me ha costado un poquito escribir esta entrada, pero creo que es importante que la gente la lea.

Hace cinco años mi novio me compró un conejito. Al principio tenia mucho tiempo para jugar con él, pero a los dos años dejé de tenerlo. Pregunté a la veterinaria por un animal que pudiera hacerle compañía y me recomendó una cobayita.

Una amiga me dio dos cobayitas, un macho y una hembra, que tuvieron dos camadas. Pero tuve que separarlos porque no sabía a quién darle las cobayitas que nacían y no quería darlas a una tienda de animales, entre otras cosas porque viven hacinadas con otras y si nadie las quiere, ¿qué hacen con ellas? No me parecía bien, así que cuando tuve la oportunidad le di dos machos a una amiga y me quedé con dos hembras, la madre y la hija.

La veterinaria me recomendó que jugaran con el conejo, ya que este estaba un poco deprimido y pasó por una operación de dientes y estaba bastante arisco; así que compré una jaula de dos pisos y los junté a todos.

Los conejos y las cobayas se llevaban genial, jugaban juntos, hacían la siesta juntos, comían juntos. Y de repente una mañana la madre cobayita se puso malísima, estaba tumbada, a penas hacía ruiditos y no se movía bien, con las piernas desacompasadas. No logré localizar a mi veterinario (eran las 7 de la mañana) y para cuando di con la clínica veterinaria ya no podía hacer nada por ella, no llegó viva al veterinario, que además no podía atenderla hasta las tres de la tarde. Seguir leyendo

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